En lo que llevamos de curso, han pasado varias cosas en mi vida, pero sin lugar a duda la mas relevante, y la que mas me ha hecho reflexionar ha sido el trágico suceso que hemos vivido en valencia, La Dana.
Como ya todos sabemos el 29 de octubre de 2024, la Comunidad Valenciana, especialmente la ciudad de Valencia, fue afectada por una Depresión Aislada en Niveles Altos (DANA), que provocó lluvias torrenciales y graves inundaciones. En localidades como Turís, se registraron precipitaciones récord de 771 litros por metro cuadrado en 24 horas, con 185 litros acumulados en solo una hora, estableciendo un récord nacional para ese período. Este fenómeno meteorológico causó la pérdida de más de 200 vidas y dejó a miles de personas afectadas.



La ciudad de Valencia experimentó inundaciones significativas, aunque la infraestructura de drenaje y los sistemas de protección ayudaron a mitigar los daños en el centro urbano. Sin embargo, las áreas periféricas y localidades cercanas sufrieron destrozos considerables.

Por suerte, mi pueblo no ha sido afectado, pero he tenido muchos conocidos y familiares que si, y esto me ha dado para reflexionar más seriamente en cómo estamos construyendo nuestras ciudades. En las últimas décadas, las ciudades han crecido rápidamente sin considerar lo suficiente cómo afectan al medio ambiente. La construcción masiva de edificios y carreteras, sin tener en cuenta factores como el drenaje o la preservación de espacios naturales, aumenta la vulnerabilidad de las ciudades frente a fenómenos como tormentas intensas o inundaciones. Es como si, al expandirnos, estamos poniendo en peligro nuestras propias comunidades al no planificar adecuadamente para estos riesgos.
El desastre también nos enseñó lo importante que es la solidaridad y el trabajo conjunto en momentos difíciles. Cuando ocurrió la inundación, muchas personas, organizaciones y gobiernos colaboraron para ayudar a las víctimas, rescatar a los afectados y empezar a reconstruir lo que se había perdido. Esta cooperación es fundamental, ya que en situaciones de emergencia todos necesitamos ayudarnos mutuamente.


Ahora más que nunca, debemos ver la experiencia de la DANA como una llamada de atención. Nos está diciendo que necesitamos repensar cómo construimos nuestras ciudades. No basta con crear más edificios, sino que debemos asegurarnos de que las ciudades sean más seguras y estén mejor preparadas para enfrentar estos eventos extremos. Esto significa construir de manera más sostenible, cuidar el medio ambiente y pensar en soluciones que ayuden a proteger a las personas frente a desastres naturales. Además, las ciudades deben ser inclusivas, asegurándose de que todos los habitantes tengan acceso a las mismas oportunidades y a una vida digna, sin que estén expuestos a riesgos innecesarios.
En general, la DANA nos mostró la importancia de aprender de lo que ocurrió para crear ciudades más resistentes, pensadas no solo para el presente, sino también para el futuro, donde las personas y el medio ambiente puedan coexistir de forma equilibrada y segura.